Aprendí a orar a los veinte ocho años, de forma personal, antes de esta historia jamás sentí una conexión en forma real con el gran escritor, me ha tomado demasiado tiempo, demasiadas lágrimas, al final del día, él siempre ha estado ahí.
Ha veces el coraje no siempre rugue, a veces solo es una pequeña voz al final del día que dice "no te preocupes lo intentaremos mañana.
Suelo encontrarlo en cualquier lugar. Creo que esta entre nosotros, en las personas que más lo necesitan, lo veo en los ojos de las personas que entraban conmigo cada dia a una sala de oncología, no he visto tanta esperanza y tanto optimismo en una situación tan desafortunada, como esa de tomar un asiento en ese lugar.
Los días en que no estoy tan enferma, a veces me acuesto cerca a la luz de la tarde para escucharlo. Sé que suena absolutamente loco y realmente yo no puedo explicarlo, pero Dios está ahí, incluso ahora. Lo he sentido tocando mi hombro, lo he visto en cada persona que me cruzo.... parece que la tormenta ya empieza a terminar.

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